Quiero crear mi Autoempleo.

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Empecemos lógicamente definiendo qué es el auto-empleo. Parece obvio puesto que es una palabra autorreferencial; esto es, una persona que se auto emplea, que crea su propio puesto de trabajo, es decir, que no trabaja por cuenta ajena. Es lo que ahora se está empezando a llamar emprender. Pero emprendimiento requiere no sólo auto emplearse sino crear un autoempleo. La clave es la palabra “crear”, hacer nacer una actividad en la que emplearse, pero no es tan fácil puesto que crear algo es hacer nacer algo que previamente no existe; a esto le llaman encontrar un “nicho de mercado”. Eso es precisamente lo difícil. Encontrar en el mercado algo que tú puedas ofrecer y que ello te reporte un lucro y no morir en el intento. Ya no es tan fácil porque aparece otro elemento clave: “el riesgo”. Con el riesgo aparece otra cuestión a tener en cuenta que los técnicos llaman “coste de oportunidad”: ¿Tengo más ventajas si creo mi auto empleo o si por el contrario sigo trabajando por cuenta ajena?
Dicho esto formulamos: el autoempleo es emprender y emprender implica un riesgo puesto que tengo que encontrar un nicho en el mercado. Por lo tanto, dado el riego, debo calibrar si me sale más a cuenta emprender o no…. Tiene la clásica formulación del dilema lógico.
Emprendo o no emprendo.
Si emprendo tengo un riesgo
Si no emprendo tengo otro riesgo
Por lo tanto: o tengo un riesgo o tengo otro.

Para salir de este atolladero habrá que ver el “coste de oportunidad” si un riesgo es mayor o menor que el otro riesgo. Por ello es aconsejable, mejor; necesario, hacer un plan de riesgo en un plan de negocio.

A la hora de iniciar una actividad económica, las razones que nos motivan pueden ser variadas. En nuestro caso, la razón fundamental será crear nuestro propio puesto de trabajo. Como ya he comentado no es tan fácil encontrar una idea con posibilidades de convertirse en realidad. Este será nuestro primer reto y también nuestra primera preocupación. No depende de la suerte (mal asunto si crees en la diosa fortuna), ni su elección puede ser fruto de un juego o un deseo, sino de la búsqueda de oportunidades en nuestro entorno y más allá de él lo que antes hemos apuntado como nicho de mercado.
La elección acertada requerirá de mucha observación, buscar información y experiencias, hablar con unos y otros, introducirnos en el sector (como potenciales clientes y como posible proveedores), utilizar la empatía, echar las primeras cuentas, tantear si somos o no capaces… un proceso en el cual también tendremos que desechar muchas ideas no factibles o inviables para nosotros. Evidentemente se habrá de tener una actitud diligente, racional, analista, disciplinada, consecuente y cauta. Apartarse de la idea inducida del emprendedor romántico. Del aventurero. Mal asunto si consideras esto como una aventura.
A partir de aquí, por tanto, un nuevo negocio sólo tendrá sentido si se inicia en alguno de estos dos puntos de partida.
• Nuestra actividad va a atender una necesidad no satisfecha por nadie (oportunidad de negocio); o,
• Existiendo ya quien la satisfaga, nosotros vamos a poder atenderla de forma más eficiente (produciendo más barato o vendiéndola mejor).
Esto de alguna manera son eslóganes y medias verdades pero no por ello mentiras.
Con ello quiero decir que la necesidad no es la madre de la inventiva sino más bien al contrario. Habrá que encontrar la manera de que un invento se convierta en necesario o demandado. Esta idea la desarrollaré en otro artículo ulterior.
No cabe duda de que todos los negocios suponen asumir riesgos, pero estos pueden reducirse si le dedicamos el tiempo necesario a conocer el sector de actividad y a definir nuestro proyecto con sentido común.
Entre dichas línea de conducta destacan los criterios que siempre tendremos presentes a la hora de tomar decisiones. Estos tres aspectos deberemos valorarlos conjuntamente pues, en cumplir con ello reside la estabilidad y el futuro de cualquier actividad económica:
1. El cliente.
2. La rentabilidad; y,
3. Solvencia
El cliente es quien paga por el producto que ofrecemos. Constituye nuestro punto de referencia principal pues atender sus necesidades da sentido a nuestra actividad y será la base que permita nuestra pervivencia y evolución en el sector. La Rentabilidad es la diferencia entre los ingresos y los gastos necesarios para obtenerlos. Por tanto, sólo elegiremos aquellas actividades que nos aseguren, al menos, recuperar todos los gastos, incluido el sueldo por nuestro trabajo. La solvencia es la capacidad de atender nuestras obligaciones en las cantidades y plazos de vencimiento acordados, esto es, de disponer de dinero suficiente para atender los pagos según vayan viniendo.

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